16. ESTADO PSICOFÍSICO DEL CONDUCTOR, LA CONDUCCIÓN Y ACCIENDENTES DE CIRCULACIÓN
Tiempo y distancia de reacción, frenado y detención
En toda situación de tráfico intervienen tres elementos; el conductor, el vehículo y la vía y su entorno. Gran parte de los accidentes de tráfico, entre 70 y 90 de cada 100, son debidos principalmente al factor humano, el conductor. Ejemplo de ésto son las distracciones o la conducción bajo los efectos del alcohol.
Tiempo de reacción es el tiempo que transcurre desde que el conductor ve un obstáculo hasta que reacciona. Este tiempo varía en función del estado psicofísico del conductor, nunca por la velocidad ni por el estado de la vía.
Aunque parezca que la reacción ante un obstáculo o situación imprevista tenga que ser instantánea, el tiempo medio de reacción de un conductor es de aproximadamente 0,75 segundos, entre 0,5 y 1 segundo.
Distancia de reacción es la distancia que recorre el vehículo durante el tiempo de reacción. A mayor tiempo de reacción mayor será la distancia recorrida. Esta distancia también varía con la velocidad, a mayor velocidad mayor será la distancia de reacción.
Distancia de frenado es la recorrida por el vehículo desde que el conductor acciona el freno hasta que queda detenido. Esta distancia puede variar dependiendo de los siguientes factores:
- De la velocidad a que se circula
- Del estado de los neumáticos, suspensión y frenos del vehículo.
- De la carga del vehículo.
- Del estado del pavimento.
- De las condiciones meteorológicas de la vía.
En pavimento mojado la distancia de frenado puede llegar a ser hasta el doble que en el caso de pavimento seco y hasta diez veces más cuando existe hielo en la calzada.
La distancia de detención es la suma de la distancia de reacción más la distancia de frenado.
Entre nosotros y el vehículo que nos precede debemos dejar suficiente espacio para que en el caso que dicho vehículo se detenga bruscamente, nosotros también podamos detenernos sin colisionar con él. Esta distancia, conocida como distancia de seguridad, la aumentaremos en función de:
- Estado psicofísico del conductor.
- La velocidad.
- La falta de visibilidad (niebla, humos, nieve).
- Las condiciones de adherencia del pavimento.
- El estado del vehículo.
En general siempre debemos mantener una distancia de seguridad, respecto al vehículo que nos precede, de un mínimo de 2 segundos en zona urbana y de 3 segundos en carretera. Esta distancia de seguridad nos permitirá reaccionar con tiempo suficiente para poder tomar las decisiones más adecuadas ante circunstancias imprevistas.

- Cuando se conduce bajo condiciones ambientales adversas como lluvia o durante la noche.
- Cuando el estado del conductor no es el más adecuado, por ejemplo si se encuentra fatigado o somnoliento.
- Cuando otro vehículo nos sigue demasiado cerca.
Fatiga y somnolencia
FATIGA
La conducción exige un esfuerzo físico y psíquico. Cuando este esfuerzo se realiza de manera intensa o continuada aparece la fatiga, ya sea física o psíquica.
La fatiga supone una disminución de la capacidad de rendimiento del conductor, es decir, de la capacidad para conducir con los niveles normales de seguridad.
La fatiga corporal se manifiesta en el cansancio de los músculos o del organismo en general. La fatiga psíquica se manifiesta disminuyendo la capacidad de concentración y de percepción de los estímulos que se reciben del entorno.
La fatiga puede verse facilitada por:
- Factores externos.
- Factores relacionados con el vehículo.
- Factores relacionados con el propio conductor.
Entre los factores externos que facilitan la fatiga se encuentran la monotonía de la carretera, las congestiones y retenciones de tráfico, el mal estado de la vía, las condiciones meteorológicas o ambientales desfavorables, etc.
Entre los factores relacionados con el vehículo el ruido excesivo del motor, la ventilación inadecuada del habitáculo, el exceso de calefacción, una iluminación defectuosa, la falta de confort del vehículo, etc.
Entre los factores relacionados con el propio conductor se pueden citar las largas jornadas al volante, la atención y concentración permanentes, la mala colocación en el asiento del vehículo, la necesidad imperiosa de cumplir un horario, la conducción con hambre o sueño, la ingesta de alcohol o comidas copiosas, las malas posturas al volante, el estrés, etc.

- Agarrotamiento muscular, ya que los músculos no están relajados.
- Agotamiento físico, sensación general de cansancio.
- Lentitud y falta de precisión en los movimientos.
- Disminución de la atención.
- Aumento del tiempo de reacción ante estímulos externos.
La sensación de fatiga tiene una función protectora del propio organismo. Es como una señal de alarma que indica que las facultades han llegado al límite de sus posibilidades y es precisa una recuperación de energía para conducir o seguir conduciendo con las debidas garantías de seguridad.
- El mejor remedio para recuperarse y combatir la fatiga es parar cada 2 horas para descansar.
SOMNOLENCIA
Conducir con sueño es uno de los mayores peligros al volante. Se ha calculado que este factor de riesgo está implicado, directa o indirectamente, entre el 15 y el 30% de los accidentes de tráfico. Además, los siniestros causados por el sueño suelen resultar especialmente graves.
Los accidentes debidos al sueño no sólo suceden por la noche, existen muchas circunstancias que pueden provocarnos sueño durante las horas del día.
Aumento del tiempo que tardamos en reaccionar ante los eventos del tráfico. Bajo los efectos de la somnolencia son típicos, por ejemplo, los alcances traseros.
Aumento de las distracciones durante la conducción. La somnolencia hace que resulte más difícil mantener la concentración en el tráfico.
Toma de decisiones más lenta y con más errores.
Movimientos más lentos, menos precisos y automatizados.
Aparición de microsueños. Los microsueños son periodos de apenas unos segundos durante los cuales el conductor queda ligeramente dormido y permanece ajeno a lo que ocurre en el tráfico. El mayor problema de estos microsueños es que el conductor no suele ser consciente de haberse quedado dormido, en ocasiones ni siquiera al volver a despertar, por lo que suelen pasar completamente inadvertidos y se relacionan con numerosos accidentes de tráfico.
Percepción deficiente del entorno. Bajo los efectos del sueño nuestra capacidad para percibir el entorno se altera. Por ejemplo, la visión se puede volver borrosa, resultando más difícil enfocar la vista provocando que aparezca la fatiga ocular.
Conducción hostil y peligrosa. El sueño puede hacernos sentir inquietos al volante o que nuestro comportamiento con los demás usuarios de la vía sea más hostil. También es posible que aceptemos un mayor nivel de riesgo y que circulemos a mayor velocidad, especialmente cuando nos encontremos cerca del lugar de destino y con muchas ganas de llegar.
Conducción nocturna y deslumbramiento
Una mala visión es un peligro tanto para la seguridad del propio conductor como para la de los demás usuarios de la vía. Es por ello que el conductor debe tener un especial cuidado en este aspecto y acudir al médico tan pronto como detecte deficiencias en su visión.
La conducción durante la noche es más peligrosa que la diurna:
- Hace falta un tiempo de adaptación para que los ojos puedan acomodarse a la oscuridad.
- La percepción de objetos y obstáculos es peor.
- La luz que proporcionan los faros del vehículo es siempre limitada y no puede compararse con la luz diurna.

Durante la noche también existe el peligro de deslumbramiento, por lo que tomaremos las medidas necesarias tanto para evitar deslumbrar al resto de usuarios de la vía como para que éstos no nos deslumbren a nosotros.
Para evitar deslumbrar al resto de usuarios de la vía:
- Sustituiremos el alumbrado de carretera por el de cruce tan pronto como se aprecie la posibilidad de deslumbrar a otros conductores y usuarios.
- Mantendremos bien regladas las luces para que su haz luminoso no se eleve por encima de los límites permitidos cuando circulemos con la luz de cruce.
En el caso de sufrir deslumbramiento:
- Dirigiremos la vista al lado derecho de la calzada evitando mirar de frente las luces del vehículo que viene en sentido contrario.
- Reduciremos la velocidad lo necesario, llegando incluso a la detenernos, hasta recuperarnos de los efectos del deslumbramiento.
- Si el deslumbramiento se produce a través del espejo retrovisor interior, podemos cambiar levemente su posición, accionar el dispositivo anti-deslumbramiento del mismo en caso de presentarlo, poner la mano frente a él para evitar los reflejos o desplazar ligeramente la cabeza.

Durante el día también existe la posibilidad de sufrir deslumbramiento producido por el sol, especialmente durante su puesta y salida o por el reflejo que produce en superficies brillantes o húmedas de la calzada. Evitaremos dicho deslumbramiento con el uso de parasoles y gafas oscuras.
Conducción con lluvia
La lluvia disminuye la adherencia de los neumáticos a la calzada y dificulta la visibilidad.
- En previsión de lluvia, es importante revisar la presión y la profundidad del dibujo de los neumáticos así como el estado de las escobillas y los difusores de aire del parabrisas.
- Prestaremos especial atención durante las primeras gotas de lluvia caídas. La acumulación de polvo y grasa de los vehículos en la calzada hace que con las primeras gotas se forme una capa de suciedad muy deslizante.
- Con la calzada mojada los neumáticos pierden adherencia aumentando la distancia necesaria para frenar, por lo que reduciremos la velocidad y aumentaremos la distancia de seguridad. Frenaremos siempre con suavidad para evitar un posible bloqueo de las ruedas.
- Los frenos mojados también pueden perder eficacia, sobre todo al pasar por zonas con acumulaciones importantes de agua. Para favorecer el secado del sistema de freno realizaremos unas pulsaciones cortas y repetidas al pedal.
- Realizaremos una correcta ventilación del habitáculo y utilizaremos la luneta térmica para evitar que se empañen los cristales.
- La conducción con lluvia es más exigente y fatigosa para el conductor, por lo que realizaremos paradas de descanso con mayor frecuencia.

Ante la disminución de la visibilidad producida por la lluvia utilizaremos las luces de cruce y en su caso las antiniebla.

Uno de los efectos más peligrosos producidos por la lluvia es el conocido como aquaplaning. Se puede producir al circular a cierta velocidad por tramos de la calzada que presenten acumulación de agua.
La función del dibujo de los neumáticos es la de expulsar el agua hacia los laterales de la rueda, despejando de esta forma la zona de rodadura que es la que proporciona adherencia al vehículo. Cuando el dibujo del neumático no es capaz de evacuar la cantidad de agua acumulada, el neumático pierde el contacto con el pavimento y se desliza flotando sobre el agua, haciendo que el conductor pierda el control del vehículo.
La aparición del efecto aquaplaning dependerá de la capacidad de evacuación de agua que tengan los neumáticos, que se mide en litros por segundo, y de la velocidad a la que circulemos. A mayor velocidad, el tiempo que tendrán los neumáticos para evacuar el agua de la calzada será menor, aumentando la probabilidad de sufrir el aquaplaning.
La mejor forma de prevenir el aquaplaning es moderar la velocidad.
Conducción con nieve
La nieve provoca una disminución de la adherencia de los neumáticos y, mientras está nevando, dificulta la visibilidad.
Al realizar un trayecto por una zona con previsión de nevadas, es aconsejable lleva el depósito de combustible lleno. Esto nos permitirá disponer de suficiente tiempo de calefacción en el caso de quedar bloqueados a causa de la nieve. También es aconsejable llevar ropa de abrigo, agua y el teléfono móvil con su batería completamente cargada.
Para lograr una conducción segura en tramos con nieve, es importante llevar los frenos bien reglados, equilibrados y los neumáticos a su debida presión.

Al conducir con nieve en la calzada lo haremos siguiendo las siguientes indicaciones:
- Arrancaremos el vehículo con suavidad y utilizando la marcha más larga posible, normalmente la segunda o tercera marcha, para evitar que las ruedas patinen.
- Reduciremos la velocidad.
- Las frenadas, aceleraciones y giros de volante los realizaremos con suavidad.
- En vehículos que no dispongan de sistema ABS, siempre que sea posible frenaremos con el motor evitando utilizar el pedal del freno.
- Circularemos utilizando las roderas de otros vehículos en la nieve, esto nos evitará sufrir deslizamientos laterales.
- Colocaremos las cadenas en los neumáticos cuando sea necesario.
- Comprobaremos con frecuencia que en los bajos y guardabarros del vehículo no se acumule nieve, retirándola en el caso de ser así. De no hacerlo, esta acumulación de nieve podría afectar a la dirección del vehículo, especialmente en las curvas y giros.
- En días de sol, utilizaremos gafas oscuras para evitar el reflejo de los rayos solares en la nieve.
- Ante la disminución de la visibilidad durante las nevadas, utilizaremos las luces de cruce y en su caso las antiniebla.
Conducción con hielo
La existencia de hielo en la calzada disminuye de forma muy importante la adherencia de los neumáticos.
Debemos tener especial cuidado al circular por zonas sombrías, puentes y proximidades de arroyos en las que será más fácil encontrar hielo, sobre todo si la temperatura es inferior a los cero grados, o próxima, durante la noche y las primeras horas del día.
Al circular sobre hielo actuaremos de la misma forma que en el caso de nieve, arrancando el vehículo con marchas largas, reduciendo la velocidad, actuando sobre el volante y los pedales con suavidad y, en el caso que el vehículo no tenga sistema ABS, frenando con el motor siempre que sea posible.

La siguiente señal nos advierte de la posible existencia de hielo:

Pavimento deslizante por hielo o nieve. Peligro por la proximidad de una zona de la calzada cuyo pavimento puede resultar especialmente deslizante a causa del hielo o nieve.
La niebla reduce de forma brusca la visibilidad. En algunas ocasiones incluso hace imposible el seguir circulando aun disponiendo de un buen equipamiento de luces.
Al circular con niebla actuaremos de la siguiente forma:
- Utilizaremos el alumbrado de cruce, y antiniebla si es necesario, para ver y ser vistos.
- Reduciremos la velocidad hasta adaptarla a nuestro campo de visión.
- Utilizaremos las marcas horizontales de la calzada como guías.
- Eliminaremos las pequeñas gotas del parabrisas y mantendremos el habitáculo bien ventilado para evitar que se empañen los cristales.
- Extremaremos la precaución cerca de ríos y zonas húmedas en las que la niebla puede aparecer con mayor frecuencia.
- Prestaremos atención a la falta de adherencia que produce la niebla al humedecer el asfalto.

La siguiente señal nos indica la proximidad de una zona de visibilidad reducida:
Visibilidad reducida. Peligro por la proximidad de un tramo en que la circulación se ve dificultada por una perdida notable de visibilidad debida a niebla, lluvia, nieve, humos, etc.